viernes, 30 de noviembre de 2018

ORNELLA BARRAZA (Formosa)

ORNELLA BARRAZA


El fin del grillo
Era las tres de la mañana. En contraste con el silencio sepulcral de la calle, la fricción de patas del grillo musiquero parecía elevar su proyección sonora, como si estuviera en un teatro acústicamente dispuesto.
Mi sueño puede ser interrumpido por el vuelo de una mosca, cuanto más por el espíritu de un grillo, mi enemigo jurado desde hace varios días.
Esta vez el sonido parecía salir de la pared. Tomé el aerosol aromático y presioné varias veces, apuntando entre el cemento y el zócalo de madera.
Un insecto oscuro se abrió paso a los saltos hasta salir de la habitación. ¡Era tan pequeño! Increíble que de allí salieran los estridentes cantos. Esas noches de búsqueda incansable ahora venían a mi mente. Esas pausas del bicho, que luego reanudaban su marcha musical ante mi agotamiento y frustración, casi como una burla.
Le di muerte con la ojota. ¡Victoria! El silencio sepulcral lo inundó todo.
Alivio y un poco de tristeza. Adiós, grillo. Te hubiese disfrutado en el campo, allí sos fundamental para sentir la magia de la noche. Pero en este mundo de concreto y alarmas crueles, el silencio es una mercancía que se impone, a fuerza de nosotros mismos.

Diluvio
Antes de ayer prendí todos los ventiladores para combatir la humedad. Afuera llovía.
Ayer hice un montón de trámites bajo la lluvia. Veredas empapadas, choque de paraguas, splash de autos que se acercaban mucho a los costados.
Hoy tomé el Chaco-Corrientes bajo la lluvia. Hubo retraso en el puente y los gotones se colaban por las ventanas.
Sin embargo, hace un rato se asomó una tímida luz de sol. ¿Es un traidor que nos sumió en el abandono? ¿Es un prisionero que logró romper su grillete de nube negra?
Puede que me lo haya imaginado. Y si no vuelve a salir, estamos jodidos. Si la esperanza se ajusta al gris de los días, podría ser un problema.
Si vuelve el astro, se secarían los perros de la plaza, descansarían las bocacalles atiborradas de agua sucia. Nosotros secaríamos nuestros mechones, zapatos, capuchas de camperas, billetes de cinco pesos olvidados en bolsillos.
Fluctuaría el humor de jazz y tango, los paraguas se prepararían para las próximas justas medievales en pleno urbanismo horas pico. Las baldosas flojas dejarían de burlarse de nuestra torpeza en el apuro. Yo haría un esfuerzo para mirarlo directamente. Que se entere que lo extrañé y que lo estaba esperando.


Emigrante
Un ciudadano está dejando El País de la Insignificancia. Como es vasta la población quizá sea imposible identificarlo. No recibe ninguna fiesta de adiós, simplemente se marcha con una valija en la mano.
Después de todo, siempre fue un extranjero.

Ese es tu nombre
Se inclina para ver más de cerca. En el rectángulo verde se ven unos signos. Le piden que los imite en un papel, que use su puño y trace unas líneas.
-Vamos, Pablo -dice una voz femenina, amable pero imperativa.
Toma el lápiz negriamarillo con la goma de borrar en la punta. Acomoda la posición de los dedos, hasta que encuentra la forma exacta. Hace presión, se esfuerza por copiar los signos del rectángulo verde. Le salen un poco chuecos, algo temblorosos, exagerados en las curvas. Mira el resultado ¿Qué es esto?
-Ese es tu nombre- vuelve a decir la voz femenina.
Pablo se encuentra con “Pablo”. Esos signos son instrumentos de sentido para declarar su existencia. Pablo siempre llenó con sonidos lo que no pudo entender por escrito, anhelando la suerte de su hermano, que fue a la capital con una tía y terminó el secundario. Él tuvo que dejar la escuela y quedarse a trabajar en el aserradero con su padre. Pero ahora era su turno. Siempre le molestó la frase “Nunca es tarde”, prefiere pensar que “Tarde es nunca”, y que él lo logró. A sus sesenta años, está aprendiendo a leer y a escribir.

Ornella Barraza nació en la ciudad de Formosa en 1984 y vive en Corrientes desde el año 2002. Se considera narradora con incursiones en la poesía. Estudió el Profesorado en Francés en el Instituto Josefina Contte y actualmente cursa el Profesorado en Letras en la UNNE. Formó parte del Taller Literario Paraná-dar. En 2016 presentó su libro de relatos "La inmanente repetición", como parte de la Colección Pariente, de Ananga Ranga Editorial. Colaboró con sus textos en antologías como Paraná-dar (2015), Colores de Mainumby (Poesía, 2016), antología de Poesía y antología de Cuento (Semánticas del Desequilibrio, 2017). Organizó eventos de promoción de lectura regional desde la Biblioteca de Autores Regionales en Extensión Universitaria de la UNNE

miércoles, 31 de octubre de 2018

LEONARDO DOLENGIEWICH (Mendoza)

LEONARDO DOLENGIEWICH


La buena cocina
Parece que no les gustó la cena porque me secuestraron en la cocina, me cortaron una mano y prepararon un guiso con mi propia carne. A punta de pistola, me obligaron a comerlo. 
Debo admitir que son buenos cocineros: al fin y al cabo terminé chupándome los dedos.

Homenaje comprometido
Estamos aplaudiendo hace diez minutos. No podemos parar, estamos obligados. Tenemos las palmas rojas pero seguimos. Ya van treinta minutos. Algunos están lastimados. Mas sabemos que el castigo a la desobediencia podría ser severo. Una hora. A todos nos sangran las manos. El agasajado toma el micrófono. Dice que no exageremos, que se nota. Seguimos aplaudiendo.

Edipo
Lo dejaron en el monte Citerón, recién nacido y a su fortuna, condenándolo así a la muerte.
Lo encontró un pastor y se compadeció de él, condenándolo así a la vida.

Interés leonino
En su primer día al frente del Ministerio de Educación, el Tuerto López se sienta frente a su escritorio, cierra su ojo y hace un repaso mental de su carrera laboral. Se detiene especialmente en su primer año de docencia en escuelas primarias, en sus alumnos de aquel momento, en la afición de estos últimos por las hondas, en la puntería que tuvo uno de ellos para atinarle al rostro del docente inexperto. Cuando concluye el racconto, abre el ojo, enciende su computadora y redacta la Ordenanza 35, que impone para todas las escuelas de la provincia la cría obligatoria de cuervos.

Debut circense
Cierra los ojos y visualiza una vez más aquella imagen. Él, firme frente al león, le indica a la bestia que se quede quieta y que abra la boca. El circo está absolutamente repleto y el público, en silencio absoluto, observa con  asombro cómo el felino obedece. Luego, él mete la cabeza en las fauces pestilentes del animal y el público estalla en un aplauso conmovedor.
Entonces, oye una voz que le dice al oído: ahora. Es empujado mientras abre los ojos. Todas las miradas del circo se dirigen a él. Ya escucha los rugidos, cada vez más cercanos.
Entonces, se arrodilla y, mirando a un punto fijo del público, dice: Salud, César, los que van a morir te saludan.

Hacerse grande
Como había hecho de niño tantas veces, preparó el baño para su tía y se escondió para espiarla. Pero esta vez, era diferente: él ya había cumplido los dieciocho años. No se ocultó afuera para mirar por la ventana. Se quedó adentro, tras la puerta del baño.
Cuando la tía se desnudó y se sumergió en la espuma, él se abalanzó. Ella lo recibió con una sonrisa y le dijo al fin.

Leonardo Dolengiewich nació en 1986 en Mendoza, Argentina, donde aún reside. Es Técnico en Tiempo Libre y Recreación y estudiante de Psicología. Durante 2009 y 2010, coordinó un taller de creatividad literaria para adolescentes en el Centro Literario Laberinto. En 2009, participó de la Mesa de microrrelatos en la Feria del libro de la Provincia de Mendoza. Y en 2011, participó en las IV Jornadas Nacionales de Minificción realizadas esa misma provincia. Algunas de sus microficciones han sido publicadas en la "I Antología Triple-C. Microrrelatos reunidos" y en el libro "200 microrrelatos de terror ArtGerust. Homenaje a Edgar Allan Poe". También han publicado algunos de sus textos los sitios web: Letras de Chile, Internacional microcuentista, Químicamente impuro y El microrrelatista.

domingo, 30 de septiembre de 2018

RENÉ OSVALDO BEJARANO - Jujuy



MICRORRELATOS DE RENÉ OSVALDO BEJARANO

El otro yo
El otro no escribe, no sueña, no lee, no le gustan las plantas ni las flores. No sabe de poesías ni de cuentos. Hace lo imposible para no ser yo.

Sueños rotos
El niño iba por la calle pensando en un mundo sin hambre y sin violencia. En un mundo en que los niños juegan, estudian y son libres. A cada paso su mundo se hacía más real. Después, cuando iba por la vereda, la “calle” destrozó sus sueños.
Así volvió a escuchar gritos, castigos y llantos. Así veía niños, en la calle, descalzos, pidiendo las sobras o pedazos de pan. Así, con el cuerpo adolorido, abrió los ojos y juntó sus pedazos de sueños, sus sueños rotos, para volver a soñar.

Lavanderas del Xibi Xibi
Ellas están allí, a orillas del río, lavando las tramas del alma en la azul lejanía, lavando sueños con el aroma de los pájaros y el canto de las flores. Recordando las nostalgias del ayer, la fundación de la ciudad en el valle de Xuxui, el éxodo o el regreso inexorable.
Sus canciones, como las golondrinas del verano, se esparcen por la playa y suben por los barrancos para darle vida a la soledad, para inmortalizarse en las letras de una canción.

El puñal
Él le dijo que llegaría a esa hora y no llegó. Ella esperaba su muerte detrás de la puerta.
Él le había prometido matarla y lo que decía lo cumplía al pie de la letra.
Ella puso un puntal a la puerta que no tenía cerradura, miró su reloj y se arrodilló temblorosa en el piso de tierra.
Miró su cama y puso un apero, jergones, ropas viejas debajo de las frazadas. Para tapar la cara, puso su sombrero.
Él, afuera, tiró de las riendas a su caballo, desmontó, lo ató en un palenque, abrió violentamente la puerta. Con el cuchillo en mano, destapó la frazada y clavó su puñal en la madera de cardón.
Ella, con el puñal en la mano, hizo justicia por mano propia. Debía elegir entre la vida y la muerte. No tenía otro camino. 

Solo una noche
Llego cansado del trabajo y me duermo sin cenar, pero te encuentro con otro hombre, saliendo de la iglesia, con un vestido blanco, con tu cuerpo de sirena.

Del libro RETAZOS DE CUENTOS CORTOS Y MICROFICCIÓN. René O. Bejarano. Editorial Autores de Argentina. 2017.
  
René Osvaldo Bejarano. Nació en San Salvador de Jujuy en 1977. Profesor y Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Jujuy. Publicaciones: Coplas y Romance en una antología Letra en la fragua(2000), Versos cortos y microrrelatos en Palabras Ajenas(2006), Narrativas de Experiencias y Viajes Pedagógicos (2008), Poesías Lejanas (2016), Documentales sobre hisotrias de vida y traectorias literarias de escritores. Es uno de los creadores del Café Literario, un espacio cultural que se realiza en Abra Pampa. Coordina la revista digital Prácticas de la palabra (2017) con alumnos del Profesorado en Lengua y Literatura del IES N°1.

viernes, 31 de agosto de 2018

EDUARDO SANTOS (Tucumán)



Distracción

Me la paso perdiendo todo, las llaves del auto, la billetera, las lapiceras, hoy me di cuenta de que perdí sesenta y dos años.


Imperdonable

Cuando lo descubrieron caminando desnudo por el bosque dijo que era Adán.
Desde entonces permanece encarcelado por “apología del pecado original”


Certeza

─¡Juegan a la pelota!, por la forma de correr y patear diría que corren tras un balón.
Te extrañará que diga esto pero es que las circunstancias de este día se precipitaron de tal manera  de tal manera que me resulta muy difícil aceptar, de primera, cualquier afirmación.
Todo comenzó con ese ulular del viento, constante y rugiendo, en las copas de los árboles, el filo de los techos de chapa y los vidrios de las ventanas.
Me desesperaba en mi lecho de terapia intensiva, el saber lo que estaba sucediendo afuera.
La noche se instaló en ese instante y permaneció hasta ahora…
─¡Para mí que estos juegan a la pelota!


Mimetismo

Hace algún tiempo hice un pozo en el jardín de mi casa y vi a mi rojo corazón latiendo sobre la negra tierra. Arrojé las semillas tapé todo y ahora disfruto de unas hermosas flores del color de mis ojos, con pétalos suaves como mi piel, que exhalan unas ganas de vivir que nos identifica. 


Espermatozoide

─¡Se salvará uno solo!, dijo el lento con aire de resignación mientras sus compañeros corrían enloquecidos.
Esperó que desapareciera el forro, comenzaran los juegos del round siguiente y a los nueve meses sonrió un varoncito rubio.


Acompañado

Nunca estoy solo, una lluvia invisible golpea las chapas de mis noches para ayudarme a dormir y durante el día, el sol ilumina mis caminos para que no me pierda.


Salvado

Cuando la explosión destrozó mi cuerpo, yo estaba con la poesía.
Ahora toco la lira a San Pedro.


Sin patrón
─Al sentarme comencé a reflexionar… todo se veía diferente desde allí. Habían desaparecido las presiones de los otros. Estaba conmigo en mi mundo.
─¿Vas a tardar mucho?
─No, ya salgo…
Y se terminó mi fiesta.

Eduardo Santos. Hemos podido obtener muy pocos datos sobre su biografía. Sin embargo figura en numerosas antologías de peso. Según su perfil de  Facebook, nació en Buenos Aires en 1940 pero nos apunta Rogelio Ramos Signes ─en su libro Monoambientes─, él sostiene que es tucumano por adopción. Escribe desde el año 2001. En Cuaderno Laprida nos cuenta que estudió licenciatura en Matemáticas.


miércoles, 25 de julio de 2018

DANIEL FRINI (Córdoba)


Biblioteca mitológica I
Minotauro está en el centro de la estancia. Aprieta sus puños y bufa. El sudor brilla en su testuz y la sangre tiñe su morrillo. Va a atacar.
Enfrente Teseo, tenso en el traje de luces, estoque escondido, agita el capote rojo que tejió Ariadna con su insigne hilo.

Las causas ocultas
—¡Me tenés podrida con llamarme «La Bruja» delante de tus amigotes! ¡Tengo nombre, carajo! ¡Si querés que sea bruja, entonces vas a ver! ¡Mirá cómo salgo gritan-do: «¡Soy una bruja, soy una bruja!» —le dijo Elizabeth How a su marido, mientras salía a la calle, a grito pela-do, rompiendo la calma veraniega de aquel 15 de julio de 1692 en la tranquila villa de Salem, en la colonia de Nueva Inglaterra.

Queronea
Adelante estaba Alejandro, hijo de Filipo de Macedonia, y sus hetairoi. Aquí estábamos nosotros, el Batallón Sagrado: ciento cincuenta parejas de amantes, todos hombres, dispuestos a dar la vida, sin contemplaciones, por nuestro compañero amado y por nuestra querida polis de Tebas. El río Kephissós corría, tranquilo, a nuestra derecha con sus aguas buscando el lago. Ese día lo teñimos de rojo. Fuimos trescientos de a pie contra mil ochocientos jinetes. Tres oleadas de caballería mandó Alejandro. Las dos primeras inutilizaron nuestros escudos y la tercera tuvo que matarnos para superarnos.
Mi amante y yo, fantasmas, continuamos buscándonos entre el río y las colinas. El Kephissós sigue su marcha. Nunca nos iremos con él.

Espíritus extraños
Ya me pasó otras veces. Miro en el espejo del zaguán de la vieja casona, y la veo allí. Giro la cabeza hacia el rincón, y está vacío. De madrugada suele despertarme su “ñac-ñac” y ya no puedo dormir en toda la noche.
¿Cómo se deshace uno del fantasma de la vieja mecedora de madera y mimbre que perteneció a mi padre, a la que se le rompió una pata y fue quemada con la basura una tarde de invierno de mil novecientos setenta y dos?

Siseneg
Seis días antes, murieron los animales. Cinco días antes, la lluvia mató toda vegetación. Cuatro días antes, la niebla borró cielo y firmamento. Tres días antes, el caos mezcló las aguas y la tierra. Dos días antes desapareció el hombre. En el último día, dije "apáguese la luz". Después, descansé.
Cuatro micros de Daniel Frini

Apenas minutos antes de la orden de ataque
—¿Cómo que llamás desde Córdoba? ―dijo, con asombro y mirando al auricular — ¿Cómo conseguiste hablar con el Cuartel General? ¡Dale! ¡No es momento para bromas! ¡Por aquí todo está dado vueltas y no tenemos tiempo para conversar! ¡No mamá, no estoy con mis amigotes! ¡No, no estamos tomando nada! Es difícil de explicar, mamá, pero no podemos —repito: no podemos― hablar ahora. Estamos en alerta rojo y es una situación crítica, mamá ¡No, el idiota del Chicho no está conmigo! ¡Y el Lechu tampoco mamá! En este momento el General en Jefe está dando las últimas directivas antes de… ¡No, mamá, ya no salgo con Fernanda! ¡Y no es una trolita, mamá! Oíme, tengo que cortar porque me llaman de Planificación de Operaciones y tengo… ¡Hace años que no juego mamá! ¡Y acá no hay casinos! Tengo a cargo una división de Infantería de Marina y nos preparamos para… ¡No mamá! ¿Y qué hacés en Córdoba? Te avisé hace tiempo que no debías ir para allá ¡Y te rogué que me hicieras caso! No, mamá… No… Te lo repito, ahora… No... ¡Que te tenés que ir de ahí! ¡Ya! ¡No me importan tus amigas mamá! Me están llamando para… No, mamá. Mis soldados están esperándome. Si, mamá. Te lo ruego, ándate ya mismo. Daré la orden para que una nave de rescate pase a buscarte… ¡No, mamá, dejá la perra ahí! ¡Y tampoco podés llevarte las begonias! ¡Mamá, la nave solo tiene lugar para vos! Que no, mamá ¡Soy Comandante Imperial de la Fuerza de Invasión Marciana a la Tierra! ¡Córdoba será uno de nuestros primeros objetivos y vos no deberías estar allí de vacaciones, mamá!

Daniel Frini (Berrotarán provincia de Córdoba, Argentina, 1963) es Ingeniero de profesión, escritor y artista plástico argentino. Redactor y columnista en varias revistas, colabora en blogs y e-zines (Axxón, Minimalismos, Medio Siglo, Químicamente Impuro; Ráfagas, Parpadeos; Breves no tan Breves; La Oveja Negra; Axxón; Micrópolis; miNatura; Plesiosaurio: Insolito e fantástico y Pegasus entre otros). Participó en varias antologías de narrativa y poesía. En 2000 publicó “Poemas de Adriana” (Formato digital, Ed. Libros en Red, Buenos Aires); y tiene varios libros de relatos, inéditos. En 2015, la Editorial Micrópolis de Lima, Perú, publicó en papel “Manual de autoayuda para fantasmas”. Algunas de sus obras fueron galardonadas con varios premios y traducidas a varios idiomas. Participó como jurado en varios concursos. Integró el Grupo Literario “Heliconia” y coordina, actualmente, el Taller Literario Virtual “Máquinas y Monos” de la revista digital “Axxón”.