lunes, 23 de agosto de 2010

SEIS MICRORRELATOS DE AUTORES SANTIAGUEÑOS











DISTINTA SUERTE

(Raúl Lima)

En una cárcel de Sevilla y allá por el mil seiscientos, un hidalgo manco llenaba cuartillas y cuartillas con las aventuras de un tal Alonso Quijano, que logró salvar de la mirada escudriñadora de los carceleros. Las publicó con el nombre de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” y gustaron tanto que hubo una segunda parte y hasta una falsificación.

Por esos años, en su casona de la Mancha y en noche de duermevela, Alonso Quijano soñó con un preso al que le faltaba una mano, perdida en alguna batalla entre cañonazos y aire salino. Cuando despertó escribió un cuento, al que tituló “Don Cervantes de Lepanto” (perdido para la posteridad, ya que su Ama lo incineró junto con sus libros de caballerías).

El preso manco del cuento de Alonso Quijano vivió sesenta y ocho años sobre la tierra y, pese a algunos pecadillos, logró ingresar en el cielo. En cambio el hidalgo que sirvió de modelo al Quijote, por el descuido de los carceleros, lleva cuatro siglos en un infierno donde a diario es atormentado por inclementes demonios: críticos literarios, profesores de literatura, autores de minicuentos...




CRÓNICAS MATEMÁTICAS.

(Belén Cianferoni Figueroa)


Hoy perdí a mi hermana. Víctima de sucesiones geométricas y de la imposibilidad de resultados redondo fue comida por dos incógnitas. Se veía gritar desesperadamente a la sufrida Majo y saltar de un menos treinta coma cinco a un dos coma cinco, mientras un siete negativo pescaba bostezos con los renglones de las hojas. Es la precisa y preciosa lógica de la matemática fría que termina por devorar a través de un cuaderno a una miserable hermana con ojos cuadriculados que persiste con el cóccix en la silla hasta las cinco de la mañana y que no quiere apagar la luz.




PARTIDAS FRUSTRADAS.

(Luís Maria Rojas)

Hacia veinte años que su vida de extranjero le parecía un espejismo, los paisajes apagados, la música monótona, las mujeres extrañamente ajenas. Cuando regresó después de mucho tiempo se dio cuenta que, en realidad, nunca había partido




AFTER APOCALYPSE

(Susana Lares)


Después del caos y la destrucción sobrevino la nada.
Desde hace un tiempo sin tiempo todo es silencio y oscuridad.
De pronto un trino, luego otros en la incipiente luz.
De nuevo el verde cubre las praderas… Le siguen el renacer de la flora y la fauna; la reaparición de las montañas, ríos y mares.
Del vientre de la tierra emergen dos seres: Uno llama “hombre” al otro, y este la nombra “mujer”
Y ahora ¿Qué?




LA MADRE DE LAS HURÍES

(Juan Manuel Aragón)


Al Manzor al-Harabí bin-Younes (o como quiera que se escriba su nombre), contaba que había leído, en alguno de los periódicos que infestan El Cairo, que un día aparecería un hombre con el papiro en el que estaba escrita la verdadera historia de la madre de las 10 mil huríes del paraíso.

Al Manzor se hizo viejo sin que apareciera el hombre del papiro, hasta que una ocasión, en un cinematógrafo de la ciudad que besa el Nilo, pasaron una cinta de Marilyn Monroe. La noche del estreno la profecía se cumplió (en el caso de que hubiera sido una profecía, pero eso solamente lo sabe Alá, que es grande).




PREDECIBLE

(Estefanía de los Milagros Páez Jimenez) 


Ella se sonrió a si misma frente al espejo, sabiéndose nuevamente en libertad, y pensando en lo estúpido que había sido, y que todavía era, ese hombre al que sólo le entregó algunos meses.
Ella lo había dejado, hace aproximadamente treinta días, un mes. Pero al hacerlo, supo que él le rogaría para que volviera, y así lo hizo.
Y al rechazarlo, supo que él la llamaría día y noche, y así lo hizo.
Enfurecido él pensó en su último recurso, un as bajo la manga que ella no tenía previsto, acorde a sus pensamientos.
Así tomó su calibre 22, y se dirigió hacia su casa, subió las escaleras con un sudor helado corriéndole por las sienes, casi con remordimiento, pero sin detenerse.
Tocó la puerta y esperó.
La mujer, del otro lado, se miró por ultima vez en el espejo antes de abrir la puerta y decirle ‘Te esperaba’.
En ese momento, se escuchó un disparo, y el hombre cayó al suelo sin llegar a desenfundar su pistola.

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