viernes, 22 de abril de 2011

PROMESA (Claudio Rojo Cesca)









Al caer la tarde, Zebedeo volvió a su casa aterrorizado. Había perdido los  pedazos de pan que su esposa le había encargado. Ante los severos reproches  de su mujer, confesó que se había distraído mirando al hombre llamado  Judas que agonizaba pendiendo de una higuera. Dijo que una soga le apretaba el cuello púrpura y que en sus ojos blanquecinos rezumaban los rostros de todos los hombres y mujeres que el futuro prometía.  

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