sábado, 1 de octubre de 2011

XII ( Graciela Alicia López)





                                                                 Cielo de tormenta (Fotografía de Antonio Cruz)              

El vidrio de una tormenta resbala en el horizonte, se desplaza en la ventana del ómnibus. Destellos azules se mofan del suelo. Las fotografías se suceden unas a otras en el resplandor y no queda nada. Solo este suelo seco, esperanzoso, y nosotros con esta pequeña carga que ya no espera.
Una gota de agua rebota en el pavimento y en sí, las luces multiplicadas como una perla caída, rota, hecha milagro. Los viejos penitentes llegarán con su carro a la luna.
Las promesas son lo que más cansa. Ese cielo horrendo, caliente, ausente. No sabe que estamos abajo.
Y alguna vez también llueve, cae el agua. Entonces todo está callado, duele de tanto no pertenecernos. Sin el polvo suelto ya no podemos enloquecer.

Texto tomado del libro “Kilómetro mil ciento treinta y siete”

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