jueves, 30 de abril de 2015

MICRORRELATOS DE CÉSAR ARRUETA (Jujuy)




Manos de artesano

    Un viejo artesano toma una piedra y esculpe el rostro de su madre. Disconforme, la rompe. Corta un trozo de madera y labra, con perfección, el vientre de su esposa que le ha dado cuatro hijos. Molesto, se deshace de la obra.
   En un último esfuerzo, consigue un viejo mármol italiano y esculpe los ojos de su nieto más pequeño. No es lo que busca.
   Atormentado, decide cortarse las manos y venderlas al mejor postor. El comprador paga cuatrocientos pesos, más gastos de internación y prótesis. El viejo artesano se siente feliz.



Monstruos

    El niño cree ser astronauta porque, cada vez que cierra los ojos para dormir, puede ver un sinfín de destellos, luces, estrellas y deformaciones que duran hasta que abre los párpados. Cree que tiene un don, que es una forma de traslación a lugares aún desconocidos. No cuenta el secreto ni a sus amigos ni a familiares por temor a perder su capacidad.
   Cuando sus padres lo mandan a dormir, lo hace sin quejarse y en forma presurosa. Su madre está orgullosa porque se anima a dormir con las luces apagadas, pese a ser tan pequeño.



Aprendizaje

    Se levanta. Se asea. Desayuna. Acomoda algunos libros. Pasea sus perros y escribe un par de poesías. Pasado el mediodía, toma su billetera y camina hasta el bar de la esquina para comprar comida. Pide milanesa napolitana con puré. En menos de dos minutos una mujer joven le acerca el pedido. Saca un billete de veinte pesos e intenta pagarle, pero la mujer no acepta. Sorprendido, sonríe e insiste nuevamente. No tiene éxito.
   Incómodo, decide dejar el dinero en una de las mesas y partir. Pero el billete se esfuma. Deja otro billete y también desaparece. Asustado mira a su alrededor, hacia ambos lados, hacia arriba, hacia abajo. Y allí ve a su esposa, llorando.
   Se da cuenta, entonces, de que ha muerto, de que el dinero no tiene sentido.
— Así es el cielo -le susurra la mujer del bar, mientras asea la cocina e intenta quitar la grasa adherida por años-.



La despedida

    El difunto se despide. En un momento se conmueve de tal forma que desea volver a la vida terrenal. No es posible.
   De todas maneras, se siente infinitamente agradecido por las lágrimas que derraman sus seres queridos. Promete que cuando llegue a la otra vida les preparará un especial recibimiento y les mostrará lo lindo que se siente ver llorar a otros por uno que ya no está. Regocijado, espera.





CÉSAR ARRUETA. Nació en San Salvador de Jujuy en 1978, ciudad donde vive. Es licenciado en Comunicación Social y se desempeña como docente en la Universidad Nacional de Jujuy. Ha publicado un libro de microrrelatos, Noticias en la piel (2005) y numerosos textos académicos. Integra antologías regionales. Tiene un libro inédito, Formas perdidas, galardonado por la Secretaría de Turismo y Cultura de su provincia.


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