miércoles, 2 de junio de 2010

UN PERDÓN PARA BORGES (Raúl Lima)



UN PERDÓN PARA BORGES

(Trad. de “Voyage en diligence de Buenos-Ayres a Córdoba et le Tucumán”, par Antoine Jacque de Moussy. Imprimerie de Jules Morlent, Place de la Comédie. Le Havre. 1835).
“…y llegamos a un lugar donde abundaban los vinales, que son árboles con grandes espinas. El mayoral, antes de cruzar el río que en quechua llaman Misquimayú, decidió que pernoctáramos en una posta o posada rústica. Sería la medianoche cuando algo como el aleteo de un pájaro me despertó. Junto a mi catre (cama rudimentaria de tiento) un gaúcho o gauderio (jinete trashumante de esos países) me extendía un papel con manchas color carmín. La visión se desvaneció y la atribuí a mi sueño pesado, fruto del cansancio y del charque (tasajo) comido durante el viaje. A la mañana siguiente y de nuevo en camino, nos impresionó vivamente saber que esa noche los cuatro pasajeros habíamos percibido la misma presencia…”


Muere el año dieciséis y en el campamento del Ejército del Norte el sol bruto de la siesta tucumana se cuela en la carpa de su jefe.
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano no imagina entonces su sino, rebajado a estatua, a medalla, a láminas escolares.
Entonces es sólo un general por necesidad, un general cansado, que se acuesta vestido en su catre de campaña, y se saca las botas que torturan sus tobillos hinchados por la hidropesía. Sus soldados lo respetan; inflexible con la disciplina, al que más exige es a su pobre cuerpo enfermo.

Acaba de firmar la orden de fusilar al teniente coronel Juan Francisco Borges, y ya partió el chasqui que la lleva de Tucumán a Santiago del Estero.
-¡Ah, desgraciado Juan Francisco! Tan soberbio y tan díscolo, mi pariente Juan Francisco…

Cuatro leguas al sudeste de Santiago, en la chacra de Santo Domingo, el prisionero aguarda su destino. Consciente de la gravedad de su situación, demanda la presencia de su confesor, el Padre Ibarsábal. Y sólo eso pide, que él, caballero cruzado de la Orden de Santiago, no implora clemencia.

El General duda.
El Congreso de las Provincias Unidas de Sud América, que meses antes declaró la independencia y continúa reunido en San Miguel de Tucumán, ordenó sofocar la insurgencia de Borges, quien depuso al teniente de gobernador Gabino Ibáñez, dependiente del gobierno de Tucumán.
Lo sorprendieron en Pitambalá, húsares de Bustos y Lamadrid contra gauchos armados con chuzas ¡vaya hazaña!.
Y él dispuso el fusilamiento del cabecilla. Pero él estudió leyes en Salamanca, no el arte de la guerra; jamás quiso ser señor de la vida y de la muerte.

Mientras el chasqui cabalga con la muerte bajo su rastra, duda el General. Borges es su pariente, por el lado de los Bravo de Zamora. Sabe que siempre ha sido víctima de su carácter impulsivo; debió haber escarmentado con el fracaso de la insurrección anterior. No; él, General en Jefe, no puede actuar de otra manera, el mal ejemplo podría cundir. Sin embargo…

La lucha interior en aún más penosa que la del campo de batalla. Por fin, vence la misericordia y el General envía un segundo chasqui a Santiago llevando el perdón para el prisionero.

Pero luego piensa que no debió perdonar, que su afecto por el pariente prevaleció sobre los deseos del Congreso. Su sentido del deber le reprocha su flaqueza.
-¡Cómo quisiera no ser señor de la vida y de la muerte!…
Envuelto en transpiración, vencido por el cansancio de la ronda nocturna y las maniobras de la mañana, el General se queda dormido.

Los dos chasquis se encuentran en la posta de Vinará, sobre el Camino Real, ya en tierra santiagueña. Uno, repuesto por un par de horas de sueño y unos amargos, se dispone a partir. El otro, recién llegado, ata el cansado reyuno al palenque y pide una sangría, y un catre para tirarse un rato, sólo un rato. Pero el maestro de postas los invita con un costillar asado, que ya está listo.
Junto al fogón, se reconocen. Los dos son del lado de Las Trancas, en el norte tucumano. Altos y adustos, ahijados de un hacendado, el “Payo” Iramain, nadie duda de que también son sus hijos: los mismos ojos verdosos, felinos, sorprenden en sus rostros morenos, sobre los pómulos aindiados. Alguna vez estuvieron prendados de la misma china, pero ésta prefirió a un pueblero de Salta, y ellos se sintieron compañeros de desgracia. Buenos jinetes, son chasquis al servicio del general Belgrano. Parcos como todo gaucho, en el campamento se saludan con algún afecto. Sin embargo, hoy se torean con un rencor nuevo:

-“Mozo hambreao, había resultao perro cimarrón pa el asao”.
-“¿Y diáhi? Nomás faltaba que le pida permiso pa comer…”
-“Y yo que creíba que sólo le gustaba la carne e yegua”.
-“Yegua… tu mama”.

El General sueña, y en su sueño prosigue la lucha interior: fusilamiento o perdón, deber o misericordia, perdón o fusilamiento.

Los dos gauchos danzan ya su extraña coreografía, el brazo izquierdo protegido por el poncho, el derecho empuñando uno el perdón y otro el deber, ante el viejo maestro de postas de Vinará, impotente para separarlos.
El recién llegado se muestra diestro, y además, lo favorece su largo caronero. El otro, en desventaja con su facón corto, empareja la pelea con habilidad increíble. Por fin, éste se estira a fondo y ensarta a su rival en el pecho, hundiendo la hoja entera, hasta el ondulado gavilán de bronce.

El chasqui sigue viaje con la orden de fusilamiento, ante el griterío inútil de la mujer del maestro de postas y la paciencia resignada del viejo.
El otro gaucho queda tendido, la esquela con el perdón atravesada por el cuchillo, bajo las ropas con las que allí mismo será enterrado, a pocos metros de las casas.

Allá, en el campamento de Tucumán, el General despierta de su corta siesta y de su sueño confuso, un duelo a cuchillo entre gauchos cuyas imágenes no puede retener, porque se esfuman en seguida.

Al llegar la orden, en el otro campamento, el de Santo Domingo, disponen la silla para el reo, al pie del algarrobo. Alguien menciona la posibilidad de un indulto, o la conveniencia de aguardar una confirmación. El reo exige que no se haga esperar a un caballero cruzado. Suenan los cuatro tiros; por ahora no habrá autonomía para Santiago del Estero.

La sombra de Borges perseguirá al General los pocos años de vida que le aguardan ¿Qué habrá pasado con ese perdón, de cuyo emisario nunca más supo? Pobre General, tampoco sabrá que los chasquis fueron marionetas que danzaban sujetas al hilo de su sueño.
Y también hoy lo asalta el recuerdo de Borges, también hoy, 20 de junio de 1820, que agoniza en su cama de la casa paterna, en esa Buenos Aires en la que ya no existe el gobierno central, la provincia tiene tres gobernadores y reina la anarquía.
-Para qué todo el sacrificio. ¡Pobre patria mía...!

Cuentan los paisanos de Río Hondo que, aún después de muchos años, a los viajeros que hacían noche en la posta de Vinará, un roce muy leve o un sonido muy quedo los despertaba, y junto a su cabecera un gaucho pálido suplicaba que leyeran un papel ensangrentado; un gaucho al que creían haber soñado porque en seguida se esfumaba, como aquella siesta en que el General soñó que la hoja del facón entraba entera, hasta el ondulado gavilán de bronce, y no llegó el perdón para Borges.



Raúl Lima


viernes, 2 de abril de 2010



PROMESA

Al caer la tarde, Zebedeo volvió a su casa aterrorizado. Había perdido los pedazos de pan que su esposa le había encargado. Ante los severos reproches de su mujer, confesó que se había distraído mirando al hombre llamado Judas que agonizaba pendiendo de una higuera. Dijo que una soga le apretaba el cuello púrpura y que en sus ojos blanquecinos rezumaban los rostros de todos los hombres y mujeres que el futuro prometía.
Claudio Rojo Cesca (Santiago del Estero)
Inédito

domingo, 10 de enero de 2010

CUATRO NARRADORES SANTIAGUEÑOS



Crónica de un día moroso (Belén Cianferoni Figueroa)

Hoy es el día de las deudas, llueven deudas por la calle, inundan deudas por el teléfono. Se cuelan deudas por los pulmones, parando la respiración, metiéndose en el torrente sanguíneo. Se detienen a tomar un café en el corazón, se desvían, pierden el rumbo, se hallan en a garganta, saliendo por las cuerdas vocales en un divino vozarrón moroso que grita: ¡Mañana te pago!

Números redondos (Francisco Avendaño Rímini)

No hay violentas flores negras, sólo lentos ascensores. Desde este punto de caos partimos para ser hoy calma derramada. El poeta se suponía entre lentas flores y trató de descoser su mundo con un par de palabras desafiladas.No hay gaviotas, ni abiertos horizontes, sólo esta sensatez de barro que nos cubre todos los contratos. Quisiéramos algo más: caminos sin plazo fijo, abrazos que no multipliquen, papeles sin gastadas oraciones. Pero al cabo de un día somos una cucaracha herida que no le teme a tu zapato. Es todo lo que se debe repartir, la inútil paciencia de los resignados.Pienso en estas cosas mientras miro un papel con un número en la silla de un banco.Juan María Brausen, Postales de Santa María, 1939.

Julieta y Julieta (José Cesca)

A través de los cristales miró a la luna recordando sus lágrimas y todo su dolor, mientras que al verse en el espejo no veía nada más que una miseria que vivía a causa de suya, pues sin mar no habría más sal que pueda recorrer sus piernas.Arrepentida de sus actos sin perder la fe se marchó hasta su casa, corría bajo los graves tonos que dejaban las gotas al romper con la única gran ilusión de encontrarla con vida. Sus pasos se hicieron saltos bajo la noche que usó de manta, sus ojos estallaron en el llanto más intenso confundiendo ya la lluvia con el líquido de las pupilas.Cuando llegó a la casa ella estaba tirada cubierta por una sabana con el emblema sagrado. El ritual ya había terminado y mientras lloraba en su cuerpo ella también tomó el veneno, cerrando sus ojos pensando solo en cruzar ese umbral del reencuentro, donde el amor al ser lo mismo no seria prohibido, el nuevo mundo donde revivirían asesinando a lo más subjetivo.

La madre de las huríes (Juan Manuel Aragón)

Al Manzor al-Harabí bin-Younes (o como quiera que se escriba su nombre), contaba que había leído, en alguno de los periódicos que infestan El Cairo, que un día aparecería un hombre con el papiro en el que estaba escrita la verdadera historia de la madre de las 10 mil huríes del paraíso.Al Manzor se hizo viejo sin que apareciera el hombre del papiro, hasta que una ocasión, en un cinematógrafo de la ciudad que besa el Nilo, pasaron una cinta de Marilyn Monroe. La noche del estreno la profecía se cumplió (en el caso de que hubiera sido una profecía, pero eso solamente lo sabe Alá, que es grande).

jueves, 3 de diciembre de 2009

DÍA DEL MÉDICO

Un micro para los médicos en su día.





LA ETERNA PRESENCIA DE HERÁCLITO

El Doctor A., quién a lo largo de su carrera ha sido tantos como la vida le ha exigido para sobrevivir, ya sea médico de familia, cirujano ayudante, obstetra de emergencia devenido en pediatra, médico en los campamentos de YPF, auditor, supervisor de área programática, médico en un posta sanitaria, médico de hospital o médico de guardia en tantos lugares, no ha sido nunca uno de esos acerca de los que Heráclito dijo "Los médicos cortan, queman, torturan. Y haciendo a los enfermos un bien, que más parece mal, exigen una recompensa que casi no merecen" ya que el Doctor A. nunca cobró una consulta.
Hipócrates Mamaní
(Semblanzas ciudadanas - 1963)

martes, 25 de agosto de 2009

CINCO AUTORES SANTIAGUEÑOS

La estación de los lapachos (Antonio Cruz)
GUERRA
(Estamos invitados a tomar el té// la tetera es de porcelana// pero
no se vé, // yo no sé por qué.) María Elena Walsh

El tercer año del durazno, el gran canciller del reino preguntó al rey niño si deseaba comenzar la guerra.
-Mi rey, ¿aprobáis la declaración de hostilidades al pérfido emperador del Japón?
El rey respondió:
-Tí.
Y siguió chupando un caramelo.

Juan Manuel Aragón



SANGRE FRÍA

Lo maté de un solo tiro.
Después, con mi cuchillo de caza, le corté la cabeza y la tiré hacia atrás; sin darme vuelta a mirar dónde caía, pedí tres deseos.
Finalmente me fui a desayunar (café con leche con chipaquitos) al bar de la estación YPF.
Me percaté recién, a través del vidrio sucio, que al salir había dejado desierta la sala de videojuegos.

Julio Carreras


TENTACIÓN

¿Yo, retorcida? ¡Si soy lo más simple que puedas encontrar! Me gusta la naturaleza, tanto que vivo aquí, en este jardín casi mágico, donde todos me reverencian. Soy inofensiva, no le hago daño a nadie y nadie me hace daño.
Pero te veo tan tímido, mi amor, que no puedo dejar de sugerirte algunas cosas. Es por tu bien, y por el de ella también. ¿Cómo piensas que Él, siendo tan bueno, sería capaz de enojarse contigo?
-Es que Él me dijo que…
-¡Hombres tenían que ser! ¡Cuándo dejarán de aferrarse a la letra de las palabras! Si tuvieran un poquito de intuición… (“No serían hombres”, pensó la serpiente, mientras Adán iba corriendo a contarle a Eva lo que había charlado con ella, unos instantes antes de perder para siempre el dominio sobre el Jardín del Edén.).

Adriana Del Vitto


DESENGAÑO

La señora del doctor Jeckyll se enamoró de Mr. Hyde. La fascinaron sus modales bruscos, el modo brutal de hacer el amor, su pelo hirsuto que le salía hasta por las orejas. Una noche se enteró del terrible secreto y desde entonces encuentra a su amante torpe, grosero, desagradablemente peludo.
Raúl Lima

NOCTURNO DE PASIÓN

El dramaturgo sonríe. La mirada verde y chispeante de la pelirroja lo ha seguido durante toda la actuación y él intuye la invitación que es tan vieja como el mundo.
Sospecha que su desfachatada elegancia ha hecho lo suyo. Es audaz y se sabe atractivo.
Camina hacia su camarín divertido y ansioso. Tiene la certeza de que en un rato ella gemirá en sus brazos.
Despierta atormentado por un frío espantoso. Algo lacera sus entrañas.
Las sábanas están viscosas. Prende la luz y las ve teñidas de rojo.
Imagina el último acto de alguna de sus tragedias.
La pelirroja ya no está en escena.
Antonio Cruz