domingo, 13 de noviembre de 2011

LIBERTAD CONDICIONAL (Diana Beláustegui)







Está sentado sobre el césped verde recién cortado, con las piernas extendidas, jugando a estirar y encoger los dedos de los pies.
¡La voz que lo llama suena tan lejana!
La suave brisa le da de lleno en el rostro y aspira con profundidad la humedad que destilan las plantas cercanas a él. En el centro de su pecho desnudo, tiene todavía los pétalos de la margarita desojada, las mira y suspira.
La pelota de plástico yace a unos metros, dormida en vestigios de barro, perdiendo su silueta a base de patadas, la mira y sonríe.
El tirón de orejas lo levanta casi hasta hacerlo saltar, intenta escapar pero no puede.
Se viene el baño con el maldito shampu metiéndose en los ojos, la tarea con las vomitivas sumas y restas, la cena con esos asquerosos brócolis y la cama con el coco en el ropero.

Imagen recuperada de Internet:


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