viernes, 30 de enero de 2015

MICRORRELATOS DE DIANA BELÁUSTEGUI




AMAZONAS

Se escondía en el alma el cardo de la inclemencia, era casi como una reacción atávica contra la injusticia.
Tomó el martillo y golpeó la mesa:
-No jugarás a ser Dios, diminuto manipulador de papel, el cuerpo de una mujer es agua pura, un oasis sagrado que de ahora en más te será negado. Nunca más una mueca de dolor será por tu culpa- y dicho esto fue entregado a la horda de mujeres justicieras que esperaban ansiosas al primer sentenciado.


EL VIOLÍN

El violín suena en la frontera de la tarde, la luna se avienta enloquecida por la ventana y ella gime, casi recostada a sus pies, abrazada a las rodillas de ese hombre que le enloquece el alma con los trinos del instrumento.
La transporta, está totalmente entregada, obnubilada, hipnotizada.
Se despoja del vestido.
Él la mira sonriente, conocedor de los secretos de su música.
Se distrae un segundo y las notas se detienen.
Ella parpadea como despertando, encontrando su cuerpo semidesnudo ante él (se asusta y se cubre los pechos con los brazos).
El hombre vuelve a aniquilar el silencio con las notas y la mujer entra en trance nuevamente.
Será una noche tranquila.
Él con su música, ella con la danza en el salón, haciendo eclipsar a las sombras con su cuerpo desnudo.


UN PRECIO MÓDICO

Los espejos gritan abusivos una verdad que no merece conocer.
Se sienta, enorme, en el sillón y acerca la cartera de la inmortalidad.
Delinea ojos, contorno de labios, máscara de pestañas, base en el rostro, cremas para arrugas, color a los labios, turquesa en párpados, carmín a los pómulos.
Una pastillita para el alma, un porro para la melancolía.
Un whisky para levantar el ánimo y ya está lista para enfrentar esta insólita vida.
Abre la puerta y se para en el marco, limpiándose con la mano la transpiración del escote.
Los clientes escasean pero no pierde la impía esperanza, que ya flaquea y por ratos se tira a morir, y sigue aguardando a que llegue el amor a su puerta y pague un precio módico por compartir su miseria.


AJEDREZ

-Jaque mate
-¡Mierda! Que le voy a hacer, ¡es tuyo!
Pedro abre la puerta y explica en tono educado.
-Tras una evaluación concienzuda de tu tarea en la tierra, Dios Todopoderoso ha determinado que no podrás entrar al Paraíso. Lo lamento.
Le indicó el camino y cerró la puerta metiendo tabaco en la boca, mientras se sentaba en el banquito a observar el siguiente juego entre el luminoso y el oscuro.
-Para la próxima, será una partidita de truco- retruca el Todopoderoso guiñándole un ojo al cornudo rojo, mientras le hace una seña a su acólito para que le acerque un whisky.


SALIR Y SER

Se avienta a la naturaleza pérfida de sus noches.
Gruñe y teme.
Se escabulle.
Busca el silencio tozudo y la oscuridad palpitante.
Quiere evitar las miradas y desaparecer del camino del bípedo destructor.
Retoza entre las hojarascas y resuella buscando alivio a la lujuria de su soledad.
Quiere ser rozada y protegida.
Penetrada y salvajemente mordida. Quiere a la noche en su cabeza y un macho que le dé lo que su cuerpo de hembra ansía, y lo que el tiempo en su estirpe exige... un hijo que la mantenga fresca en la memoria de la tierra.
Quiere su sangre dando tropiezos por entre los matorrales, riéndose del hambre y jugando con su presa.
Que un día pueda erguirse y caminar, sortear la tortura de una maldición que la obliga a mimetizarse con la selva y alimentarse de carroña.
Amanece y retorna, sigue herida en su soledad, la matriz aun está vacía y amenaza con secarse.
La luz cubre la entrada a la cueva y la somnolencia vuelve a sumirla en la certidumbre (¿o es la utopía?) de que algún día ella podrá salir y ser.


Diana Beláustegui. Escritora santiagueña, amante del género negro. Una de las voces más representativas de la narrativa de terror en Santiago del Estero. Ha integrado grupos literarios (Por ejemplo "La jeta literaria") y participa de diversas antologías. Poco tiempo atrás publicó su libro "Escorpiones en las tripas". Vive en Santiago del Estero



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